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Campamento de Invierno '13

Publicado en Ronda 2013-2014

Acampada en Bermejales

En esta acampada, a la que asistieron 14 castores, hicimos una excursión para conocer el entorno medioambiental, un Furor en el que cantamos muchas canciones y danzas scouts, juegos nocturnos, ceremonias, una actividad para conocer los personajes del cuento de la Colonia y muchas, muchas más cosas.

Publicado en Ronda 2013-2014

Capítulo 1

En un lugar muy lejos de aquí, donde la nieve cubre montes y valles, existe un bosque guardado por viejas montañas lleno de altos árboles, grandes lagos y sonoros ríos donde habitan muchos, muchísimos animales de todos los tamaños: halcones, mapaches, osos, ciervos, lobos, búhos,ardillas, alces, linces, nutrias, águilas, castores...

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El sinuoso río que atravesaba este bosque viajaba entre los prados y los árboles, y daba a todos sus habitantes alimento y cobijo. No muy lejos, en el camino que cruzaba este bosque justo donde atravesaba el río, existía una Colonia de Castores. Una Colonia es a lo que los humanos llamamos tradicionalmente “familia”, lo que pasa es que para nuestros amigos los animales todo aquel que es de tu misma especie es de tu misma familia, y por tanto, los Castores viven juntos en una gran madriguera que todos construyen y cuidan. Así pues, todos son hermanos de todos. Esta Colonia en concreto no era demasiado grande, ya que solo llevaba dos inviernos en el bosque.

Una madriguera es un sitio muy curioso; vista desde fuera, uno no puede imaginar cuantas cosas puede tener en su interior, y para nada el aspecto desde fuera se corresponde con lo confortable que es por dentro.

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La madriguera había sido construida por sus habitantes, con palitos y barro, y no tenía puertas ni ventanas. El interior consistía en una amplia y única estancia. El suelo estaba dividido en dos partes,una más alta que la otra. La parte alta era la vivienda y estaba cubierta de una gran alfombra de virutas y pequeños recovecos donde los castores guardaban ordenadamente alimentos; en un lateral, la alfombra de virutas era más consistente y había pequeños troncos, era la zona de los más pequeños. La parte más baja tenía dos agujeros: las salidas de la madriguera hacia el mundo exterior.

3Kid, era uno de los pequeños castores de esta ”familia”. Nació en la época de las últimas nieves, cuando el cielo durante el día es azul intenso y la noche es plateada como los arroyos de los valles. Era una criatura de piel suave y su cuerpo estaba cubierto de un fino pelaje castaño y ojos grises muy abiertos desde el primer día. Por ahora Kid solo conocía la madriguera, pues era aun pequeño. Al calor de las virutas de madera, Kid aprendía a mover sus patitas y roía con sus pequeñitos dientes algunos palos que sus padres y otros castores regalaban a los más pequeños para jugar.

Una mañana sintió el aire frío que se colaba por uno de los agujeros de la madriguera y le entró una curiosidad irresistible por ver que había fuera. Así que se escurrió por él, cayendo debruces sobre un montón de tiernas ramas de abedul, que eran la despensa de los castores. Observó que había otro agujero lleno de agua porque unos pequeños rayos de luz se colaban y sin dudarlo se zambulló en el agua, buceó hacia la superficie y, al salir, se quedó maravillado al ver el reflejo en el agua de un gran roble. Saltó sobre él y... ¡zas!, el roble se desvaneció con su tremendo chapuzón. “¡Qué rica y fresquita está el agua!” pensaba Kid mientras movía sus patitas con soltura recorriendo el estanque y chapoteando con la cola.

4El primer baño fue delicioso: se zambullía, nadaba o flotaba en el agua, contemplando el mundo que le rodeaba. Cuando se cansó de jugar exploró el estanque. Éste era muy grande: una de las orillas estaba poblada de robles, mientras que la otra estaba cubierta de sauces, álamos temblones, abedules y otros árboles. Los Grandes Castores de la Colonia, que estaban reunidos a la orilla del río, vieron como Kid se divertía en el río observando sorprendido los grandes árboles. Llamaron a Kid con un golpe de cola y le invitaron a subir a la orilla para dar con el joven Castor un paseo por el bosque. Al ver la carita de asombro de Kid, los Grandes Castores rieron y le contaron de manera muy dulce la historia de los bosques, los árboles y los secretos que los humanos no podemos oír de la naturaleza y, sin embargo, siempre se escurren entre las hojas de los robles, a través de la brisa.

-Nuestra vida depende de este gran bosque, -dijo uno de los Grandes Castores -de él nos alimentamos, al igual que otros animales.

-¿De estos grandes… palos? -preguntó Kid asombrado mirando a los grandes sauces, pues hasta ahora él solo había conocido las pequeñas virutas que acolchaban la madriguera y los palos con los que solía jugar.

- Sí, se llaman árboles, Kid. También los utilizamos para hacer nuestras madrigueras.

- ¿Y esos troncos al fondo del estanque son también arboles?

El Gran Castor sonrió por la ocurrencia del pequeño castorcillo. -Sí, Kid, son árboles que usamos para construir este estanque.- Los ojos de Kid se abrían de par en par sorprendidos, ¡aquel enorme estanque lo habían hecho los Castores! -Los usamos para acumular el agua y poder tener un lugar tranquilo para vivir y nadar.

Kid observaba maravillado el estanque. Éste era muy grande, por la parte baja se encontraba la presa y en el lado más lejano se encontraba la corriente de agua que alimentaba el estanque.

- ¿Y aquel agua que cae?

- Es el río. Gracias a él los castores podemos vivir, y no sólo nosotros, sino todos nuestros hermanos, los animales y las plantas del Bosque. Este río se llama Nagawika, según cuentan los animales más sabios de este bosque y se llama así porque allí donde nace el río existe un pueblo donde hay humanos tan pequeños como tú, al que el río trae riqueza y alimentos como lo hace para nosotros. Este poblado se llama Nagawika.

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Volvieron al estanque donde vieron a otros castores trabajando, unos colocando troncos en la presa y otros más pequeños, llevando palitos.

 -¿ Qué están haciendo? - preguntó Kid, sorprendido, al ver que todos trabajaban juntos alegremente. -¿Por qué todos trabajan juntos?.

- Aquí en la Colonia, compartimos todo, el trabajo, los juegos y, ¡hasta la comida! Somos una gran familia a la que tú también perteneces- le contestó el Gran Castor.

- ¡Oh!- Kid permaneció un rato callado, observando como los Castores trabajaban de modo ordenado y sobre todo muy alegres. – Yo…. ¿Podría trabajar también alguna vez? pregunto tímidamente.

- ¡Pues claro! Ve con los demás Castores, ellos te enseñaran cuantas cosas puedes hacer.

Los castores, al verle, chapotearon alegremente y le invitaron a que fuera con ellos a colocar palitos en la nueva presa. Kid, despidiéndose del Gran Castor, corrió alegremente al encuentro de sus nuevos amigos.

Y así fue como Kid empezó a conocer la vida de la Colonia y del bosque.

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Capítulo 2

7Había sido un duro día de trabajo en el estanque y toda la Colonia dormía calentita en el interior de su madriguera. Los más pequeños (entre ellos Kid) se acurrucaban juntos, pero siempre les costaba dormir porque nunca se cansaban de jugar. Pero claro estaba que ya era hora de descansar.

- ¡¡Uhú, Uhú!!

Un susurro se oyó en la cálida y silenciosa noche. Era un sonido ya habitual, que todos los animales escuchaban con gran atención; pero los más pequeños de cada especie se asombraron al oír el “Uhú, Uhú”, ya que para ellos era nuevo. Dos pequeños castores se deslizaron por el estrecho túnel de salida, sigilosos, para ver quien hacia aquel extraño ruido.

- ¡¡Uhú!! ¡¡Uhú!!

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Asomaron sus cabecitas en la superficie del estanque y nada se veía, solo sombras negras.

Era el viejo Malak quién ululaba, el búho sabio que hablaba todos los lenguajes de los animales del bosque. Malak sólo ulula cuando el sol ya nos ha abandonado y la luna y las luces intermitentes de las estrellas pueblan el Universo. Es una rapaz nocturna porque vive de noche y duerme de día.

-¡¡Uhú, Uhú!!

Sonó de nuevo. El sonido surgió de entre las ramas de un enorme árbol. Y de repente por fin consiguieron verle. Allí se encontraba el gran búho de plumaje pardo, moteado de oscuro. Se agarraba a una rama con sus patas emplumadas, en posición vigilante y en plena observación nocturna. Advirtió que los pequeños castores lo miraban con los ojos abiertos de par en par. Cuando estos vieron que el búho les miraba directamente con sus profundos ojos amarillos huyeron veloces hacia la madriguera. Malak sonrió:

- Pobres pequeños, ¡los he asustado! Mañana a la luz del día les visitaré y verán que no doy tanto miedo.

El viejo búho percibió un lejano sonido en el bosque. Era algo diferente a los sonidos acostumbrados de la noche. Emprendió el vuelo sobre la espesa arboleda y no tardó en descubrir unas extrañas luces, algo… despistadas en el bosque. Descendió hacia un viejo roble y se posó en una rama, allí en mitad del bosque cuatro humanos discutían.

- Te lo dije. ¡Eres un desastre con los mapas! Ahora resulta que cogiste el mapa equivocado. - Dijo una muchacha que soltaba en el suelo un montón de trastos que cargaba. El muchacho a quien regañaba la miró con los ojos muy abiertos:

- La culpa es del piloto por no aterrizar donde nos habían dicho.

Un hombre se dio la vuelta y le dijo:

- ¡Eh!¡Chaval! De noche no puedo hacer más, además casi no teníamos combustible, ¿que querías?¿Que nos estrelláramos?

- ¿Y por que no revisaste el avión antes de salir?

Esto, el muchacho lo dijo con un tono burlón y desafiante, lo cual al hombre le molesto bastante. Respiró profundo conteniendo el enfado y le contestó:

- Está revisado, pero no esperaba un viaje tan largo.

Malak los observaba divertido en el árbol.

- Pues vaya desastre, no empezamos bien este viaje. ¡Desde luego, menudo desastre! - Dijo el chico mirando al hombre.

- ¡Baaastaa! - Una mujer que había permanecido callada mientras revisaba todos los trastos que había tirados se levantó, cansada de escucharles. - Peleándonos no llegamos a ninguna parte. Tenemos que recoger todas las cosas y encontrar un lugar donde quedarnos lo antes posible.

Malak se sorprendió… unos humanos en el Bosque. ¿Por qué? Su primera reacción fue de temor, pero su instinto enseguida le dijo que no debía tener ningún miedo, pues parecían muy amigables. Los humanos tras hablar un largo rato decidieron acampar en aquel lugar y continuar al día siguiente. Malak observó como cuidadosamente hacían una pequeña hoguera. El más joven de ellos sacó un largo trozo de madera del que hacia salir unos extraños y bellos sonidos. Las otras dos chicas se acurrucaron junto al fuego. ¡Que extraños seres!

A la mañana siguiente contó su descubrimiento a los Grandes Castores, los cuales decidieron ir con él a observar a los nuevos visitantes del bosque. Los encontraron no muy lejos del río, los Grandes Castores hacía mucho tiempo que habían visto humanos y Malak, como buen búho sabio, conocía muy bien a estos seres. Eran un grupo de un hombre, una mujer, un chico y una chica, que formaban una familia. El chico recogía madera y la iba depositando cerca de un árbol en un montón. Al lado de la pila de madera estaba la chica, que parecía estar ordenando un montón de cosas, organizándolas a un lado y a otro, se la veía muy dulce. A los Grandes Castores les llamó la atención su voz y la cantidad de cosas que movía de un lado para otro. Por último, enredados en un montón de cuerdas y refunfuñando, estaban el hombre y la mujer. Parecían estar montando una especie de refugio con los maderos que el chico traía. Los Grandes Castores contaron todo lo visto al resto de la Colonia, y no tardaron todos los castores juntos en ir a espiar a aquellos humanos. Toda la Colonia silenciosamente escondida entre las plantas observaba boquiabierta a los humanos que se preparaban para su primera tarea:9

- Bueno pues yo tengo todo listo, ¿y vosotros?

- Yo también, mirad he traído este extraño instrumento, es como un silbato que se usa para atraer a los animales.

- ¡A ver si vas a atraer a un oso y vamos a tener que correr!

Los cuatro rieron.

- Bueno, yo tengo la cámara lista. ¿Por dónde empezamos?

- Pues acerquémonos al rio y vayamos corriente abajo a ver que encontramos.

Y nada más dar dos pasos descubrieron entre los matorrales como toda una colonia de Castores los observaba. ¡Los cuatro se quedaron helados!

Los Castores al verse descubiertos corrieron despavoridos hacia el río.

-Madre mía, qué susto…-. Dijo sonriente la chica.

- ¡Castores! ¡Castores! ¡Tranquilos!- Les gritó Malak. - No son peligrosos, ¡los he estado vigilando! Dejadles que os vean.

Los Castores se detuvieron dentro del río.

- Creo que están tratando de ver si somos peligrosos- dijo la mujer.

La familia, pues se trataba de una familia, susurraba entre sí. Después de un rato mirándose castores y humanos, los cuatro humanos decidieron sentarse a la orilla del río en silencio, poco a poco los castores se pusieron a trabajar en su estanque sin dejar de mirar a los humanos que hacían cosas muy extrañas. Papá Jones, así se llamaba el hombre, los observaba con un gigante ojo que hacia un chasquido cada cierto tiempo, a veces incluso seguidos. La mujer dibujaba sin parar señales en unas cosas blancas y el chico y la chica habían dispuesto silenciosamente aparatos alrededor del estanque.

-Parecen unos humanos muy simpáticos - dijo uno de los Castores- y además trabajan en familia como nosotros y sobre todo, hay una cosa que me gusta de ellos; y es que respetan la naturaleza. Y pensando para sí mismo dijo: -Creo que llegaremos a ser buenos amigos.

Por la noche en el Estanque del Gran Roble, los Grandes Castores y Malak se reunieron con toda la colonia para comentar lo que habían visto. Los humanos había vuelto a su guarida dejando aquellos extraños aparatos alrededor del estanque.

- Y ¿cómo se llaman? -preguntó Kapi , el castor, con curiosidad .

- Pues… no lo sabemos.- Dijo Malak.

-¡Pues nosotros hemos pensado un nombre para cada uno!- Dijo apresurado un joven castor -¡Es que cuando estábamos en el estanque trabajando hemos observado las cosas tan raras que hacían y se nos han ocurrido! - dijo Keeo , el castor mas fuerte de la colonia, de pelo plateado y ojos alegres.

-¡Adelante pues, Keeo!- Dijeron los Grandes Castores.

-A ver… la mujer tenía ropas de todos los colores. Además no paraba de dibujar cosas con muchos colores, así que la hemos llamado Arcoiris. -Todos los Castores murmuraban contentos con el nombre.

-La chica parece muy dulce y tiene una cara muy alegre. Además nos enseñó muchas danzas y cosas bonitas. También metió sus patas en el estanque y chapoteaba como nosotros, ¡tan fuerte que hacía burbujas en el agua! Así que la llamaremos Burbuja.

- El hombre siempre estaba muy atento y tenía un gran ojo con el que nos observaba. Lo llamaremos Ojo de Halcón.

-Y el chico que ponía los aparatos en una ocasión hasta nos ayudo con uno de los troncos.- Dijo un castor al fondo de la madriguera.

- ¡Ohhhhhh! - Exclamaron los otros castores.

- ¡Si!- Continuó Keeo- Y su pelo es muy gracioso, es rojo y está todo revuelto como un remolino del rio. Y siempre estaba riendo. ¡Hemos pensado llamarlo Rusty!

- JaJAAJAJaja.- ¡Todos los castores rieron, pues Rusty significa “pelo rojo”!. Este nombre era muy conocido por la Colonia ya que había numerosas leyendas que hablaban de un joven castor de pelaje rojo que corrió numerosas aventuras. Los Grandes Castores entretenían a los más jóvenes contando historias del Castor Rusty.

-¡Bien, bien! - gritaron todos los castores a la vez, palmoteando sus colas en el agua, contentos de haber puesto nombres a sus nuevos amigos, pues estaban seguros de que compartirían muchas historias y aventuras con ellos.

Pero, de repente, la alegría se vio interrumpida por un gran resplandor en el cielo y una gran nube de humo que entraba por la puerta de la madriguera. La nube los envolvió, impidiéndoles ver lo que pasaba.

-Debe tratarse de un incendio - dijo Malak. Y sin dudarlo ululó con todas sus fuerzas y en todas las lenguas. Los castores entretanto fueron saliendo de la madriguera rápido.

-Uhú, uhú, uhú.¡A todos los animales del bosque!, ¡corred!, ¡el bosque se quema! ¡corred!. Pero¿y las plantas? - recordó - Las plantas no pueden correr, sus raíces están bajo tierra, y por lo tanto, peligra su vida.

10Su aviso había puesto en movimiento a todos los animales del bosque, que corrían para escapar del fuego, y buscando una solución para su querido bosque, se quedó mirando fijamente a los castores que salían del estanque.

-Necesito vuestra colaboración -dijo a los Grandes Castores - Yo quiero a los árboles y a las plantas de este bosque. Nosotros podemos correr, volar, en definitiva, alejarnos del fuego que se avecina. Pero ellos no, su raíz se lo impide, y morirán si el agua no cubre todo el bosque. Vosotros sois los únicos que podéis hacer algo por ellos, ya que domináis el agua de este estanque.

Los Grandes Castores se miraron unos a otros, y sin decir una palabra corrieron hacia la presa.

- ¡Venga castores! - gritó Gran Castor Marrón - Hay que destruir la presa para salvar el bosque.

-Pero ¿qué pasará con la zona alta? -preguntó un castor -¡nosotros no podemos llegar hasta allí!

-No os preocupéis - contestó Malak - iré a avisar a los humanos, seguro que ellos podrán ayudarnos.

Malak voló rápido hacia el campamento de los humanos.

Amigos! ¡Ayuda! ¡Por favor! - Los humanos salieron corriendo de su refugio extrañados al escuchar una voz en su idioma. Aun más se sorprendieron al ver que la voz que les llamaba era el búho.

-¡Rápido humanos! ¡El bosque se quema y necesitamos vuestra ayuda! - Los humanos miraban al búho sorprendidos. - ¡Mas tarde os lo explicaré!

-Cojamos los picos y las palas - dijo la mujer - hay que hacer unas zanjas rápidamente para evitar que el fuego llegue a la zona alta del bosque.

Sin tardanza, los humanos se pusieron manos a la obra, cavando unas zanjas en forma de cortafuegos evitando que el fuego siguiera su curso hacia arriba.

Mientras, en la zona del estanque, los Grandes Castores, ayudados por los castores y los castorcillos, abrieron la presa y en unos segundos el agua empezó a correr libremente por todos lados, sofocando así el gran incendio que se avecinaba.

Así, gracias al trabajo en equipo de los castores y de los humanos, el fuego fue sofocado.

Después de conseguir apagar el fuego los humanos se sentaron cansados al lado del río, pues habían estado toda la noche cavando. Gracias a la zanja que habían hecho muchos animales pudieron protegerse del peligro. Malak se acercó a ellos con Gran Castor Marrón, uno de los Grandes Castores.

- Amigos, yo soy el búho Malak y soy el guardián de este bosque, conozco a todos los que lo habitan y los que los visitan y soy más viejo que el más antiguo roble de este lugar. Se hablar las lenguas de todas las especies pues es mi deber poder comunicarme con todos aquellos que algo quieran de este bosque. Esta noche habéis salvado nuestras vidas. Gran Castor Marrón y la Colonia de Castores quieren invitaros a que os reunáis con ellos.

Los cuatro humanos estaban tan cansados que ya no les sorprendía que un búho les hablase en su idioma. Después de estar reunidos con toda la Colonia, cogiendo en brazos a los pequeños, dejando que los castores curioseasen, Malak les contó cómo les habían bautizado los Castores, y cada uno de ellos quedó encantado con su nombre. Arcoiris entonces les explico:

- Nosotros somos la Familia Jones. Trabajamos en la Naturaleza y vamos a diferentes sitios, como vuestro bosque, buscando animales especiales, les tomamos fotografías, les grabamos y anotamos como están. Tenemos un pequeño avión para ir de un sitio a otro. Pero hemos pensado quedarnos a vivir en este bosque porque nos gusta mucho la Naturaleza. - Los castores no salían de su asombro cuando Arcoiris les explicaba que podían volar con una aparato, ¡más alto que Malak y que cualquier ave! - Nos encanta descubrir bosques y pasar días y noche en ellos buscando a los diferentes animales que los habitáis.

Entonces Ojo de Halcón les enseño su cámara y las imágenes que había tomado de ellos. Los Castores no paraban de verlas una y otra vez divertidos ante tal invento. Arcoiris les mostró los dibujos que había hecho de ellos y las anotaciones sobre como trabajaban en el estanque. Rusty trajo su guitarra y estuve durante un buen rato cantando con Burbuja a los Castores.

Esa noche, en agradecimiento a su ayuda, los Castores pidieron a la Familia Jones que formara parte de la Colonia. Gran Castor Marrón pensó que como serían unos “castores” muy grandes, los llamarían “Grandes Castores”, ya que su tamaño era bastante grande en comparación con los castores más pequeños.

Desde ese día, la familia Jones se integró en la vida con la Colonia. Los castores les ayudaron a arreglar su campamento junto al río para estar al lado de la madriguera, mientras que a su vez ayudaban a los Castores en sus tareas diarias. Cada noche Malak y la familia Jones se reunían con toda la colonia. Malak contaba historias y enseñaba junto a Gran Castor Marrón y los Grandes Castores todo lo relacionado con la vida en el bosque y lo que debe hacer todo castor dentro de la Colonia.

 

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Capítulo 3: Nuestras amigas las ardillas

Era muy temprano. El sol salía ya entre las montañas. Dos pequeñas ardillas parecían volar de árbol en árbol, saltando con gran agilidad; tenían la piel roja y los ojos negros. Eran TicTac y Alhana. Las dos estaban de acuerdo en que iba a hacer un buen día; no iba a llover y podrían jugar y divertirse.

Cuando llegaron a la explanada donde siempre jugaban con el resto de las ardillas había ya varias correteando, unas detrás de otras. Su gran agilidad les permitía saltar de una rama al suelo y de éste trepar otra vez hacia arriba en pocos segundos. Todo ello gracias a su larga y peluda cola que les servía de paracaídas, balancín, apoyo, agarradero e incluso de timón como a los castores.

Pasaron allí toda la mañana. Cuando el sol estaba en lo alto pensaron que debían regresar a su hogar:

-Oye Tictac, ¿ no tienes hambre? - preguntó Alhana.

- ¡Uff!, me comería todas las nueces del bosque - contestó ésta.

-Pues vamos, a ver quién coge más - dijo alegremente Alhana.

Pero antes de que se fueran, sus padres les dijeron:
- ¿No os hemos dicho muchas veces que no debéis estar fuera de casa a estas horas del día?. Ya sabéis que es ahora cuando salen a cazar los animales más peligrosos y lo mejor es no darles la oportunidad de ser su comida.

Al día siguiente, después de que toda la tarde anterior hubiera estado lloviendo, Tictac y Alhana salieron a dar un paseo. Esta vez fueron a explorar cerca del rio. Una vez allí, subieron a una rama cercana y se tiraron de cabeza. Las gustaba mucho jugar en el agua. Nadando río abajo llegaron hasta el estanque donde vivía, en sus madrigueras, la Colonia de castores y...

-¡¡Castañas y recontracastañas!! pero...¿qué les pasa a estos castores?, ¿por qué están trabajando todos juntos?, ¿están locos?. ¡Vaya manera de perder el tiempo! -dijo Tictac.

Allí estaban todos, ayudándose unos a otros como auténticos ingenieros para reparar los desperfectos que el incendio había causado en la presa.

Arcoiris dirigía las obras de reconstrucción:

- Kid , tapa con esos palos el boquete que hay en el lado derecho.

No muy lejos de allí Keeo , el castor plateado, y Kibu, roían troncos de árbol con sus potentes incisivos. Una vez roídos los dejaban caer en los canales que ellos mismos habían construido, para que las aguas los transportaran al estanque. Burbuja ayudaba para que los troncos no se salieran del cauce.

Los pequeños castores, junto con Rusty y Ojo de Halcón, recogían estos árboles que, una vez despedazados, iban a parar a la despensa como alimento para el invierno, o bien eran utilizados para la presa y la madriguera.

Tictac y Alhana se miraron sorprendidas. No entendían por qué los castores trabajaban todos juntos y no cada uno por su cuenta, como hacían ellas. Tuvieron una gran idea, irían a consultar a Malak, el búho sabio.

Dicho y hecho, saltando de rama en rama, llegaron enseguida y llamaron desde el suelo a Malak, pero no hubo respuesta. No se acordaban que los búhos duermen de día. Impacientes subieron hasta el nido de Malak:

- ¡Malak!¡Oye Malak despierta! ¿Por qué hacen eso? - preguntó Tictac con impaciencia.

Éste tenía ya un ojo, grande y anaranjado, abierto.

- Pero, ¿qué ruido es éste? - gruñó Malak-¡Ah, sois vosotras! ¿Es que no sabéis que los búhos dormimos durante el día, porque estamos despiertos por la noche?

Tictac y Alhana se disculparon y contaron al búho, rápidamente, lo que habían observado en el estanque. Malak les explico:

-Bueno, como habéis visto, los castores son muy listos. Ellos comparten su trabajo y la responsabilidad de enseñar unos a otros. Desde luego comparten la madriguera y durante el invierno, comparten sus alimentos. Es un modo feliz de vivir, ayudándose unos a otros y participando todos en todo alegremente.

- Pues no me gusta, no me gusta nada - dijo Tictac frunciendo el entrecejo. Malak sonrió

- ¡Claro! A ti no te gusta porque eres una ardilla. Vosotras, las ardillas, sois unos animalitos muy independientes, pero si tú y tus amigas fuerais listas, trabajaríais juntas y compartiríais vuestras provisiones. Es más, estoy seguro de que la mitad de las veces olvidáis donde las ponéis.


Tras las sabias palabras de Malak, Tictac y Alhana reflexionaron un segundo y muy contentas contestaron:

-Tienes razón, es una gran idea.- Y las dos salieron corriendo a contárselo a las demás ardillas.

Malak, antes de volverse a dormir observó a los castores y pensó: “Sí, ellos son muy listos, saben como trabajar y jugar compartiendo, tendrán un buen invierno y mucha comida. ¡Caramba! Si yo no fuera un búho creo que me gustaría ser un castor.”

Y después de estos pensamientos removió su plumaje pardo, cerró un ojo, luego el otro y durmió hasta llegar la noche.

-Felices sueños Malak . -Dijo Kid, el pequeño castor, susurrando, que no lejos de allí, mientras trabaja, había escuchado la conversación.

Desde entonces Tictac y Alhana se convirtieron en unas muy buenas amigas de la Colonia de castores y aprendieron, gracias a ellos, una lección muy importante, la de: ¡¡COMPARTIR!!

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La Construcción del Dique

La construcción del Dique consta de las siguientes fases:

1. Soñar

2. Elegir

3. Preparar

4. Realizar

5. Evaluar

6. Celebrar

 

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La Ley del Castor

El Castor es alegre y juega con todos.

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El Lema de la Colonia

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Las Colas del Castor

florcolasgirada

 

Cola Blanca: higiene.

Cola Celeste: imaginación.

Cola Azul Marino: entorno y seguridad vial.

Cola Verde: naturaleza.

Cola Amarilla: técnica scout.

Cola Naranja: alimentación.

Cola Marrón: creatividad.

Cola Roja: ayuda.

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Los Consejos de Malak

Los Consejos de Malak

Cada cosa tiene su lugar

Escuchando se aprende

Limpio y sano debes crecer

Vivimos en el bosque, cuidalo

Todos necesitamos tu ayuda, compartela

 

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Dique "Fiesta Disney en el mundo de las chuches"

No sólo hubo chuches, sino que los castores (y los Grandes Castores) jugaron a espadachines, eligieron a la Reina del baile, buscaron el tesoro, vieron la peli de "Frozen", disfrutaron y jugaron sin parar.

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La Promesa del Castor

verano 337

"Yo prometo compartir mi labor como castor y participar con alegría en la Colonia."

 

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Grupo Scout Genil 492

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